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Una mirada (bien concertacionista) a los hechos de corrupción ocurridos en Chile, en función de la estadística de El Mercurio-Opina. Además de datos extraídos del Barómetro de Corrupción, editado por Transparency International en 2004.
Hasta el momento, nuestro país se había distinguido del resto de Latinoamérica por sus bajos niveles de corrupción. Cada vez que aparecían estos casos “excepcionales”, las autoridades declaraban con firmeza frente al país combatir con firmeza cualquier tipo de irregularidades. De esta forma, procuraban mantener una imagen de probidad que brindara confianza a la gente. Sin embargo, la reciente corrupción descubierta en Chiledeportes no tan sólo repercute en el ámbito de la política, sino que también es posible hallar sus efectos en la economía nacional.
Como Chile es un país tan fuertemente instalado ya como economía de mercado, donde el sustento principal proviene de inversores extranjeros (o nacionales incluso), y de estos nuevos conceptos como confianza empresarial, es necesario crear niveles de estabilidad política, que den pie para que aquellos inversores no se desanimen de hacer lo que saben hacer.
Con este telón de fondo, el espectáculo de la corrupción no sienta para nada bien. Así lo deja entrever la última encuesta publicada el pasado domingo 12 de octubre por el Mercurio en cooperación con la consultora Opina S.A., en la cual el gobierno sale muy mal parado, sobre todo personalidades como Guido Girardi que resultó evaluado con un 3.7 de nota, y la presidenta no logró superar la nota 5.
En este escenario, un 62.4% cree que la imagen de la mandataria resultará dañada por los escándalos, lo cual puede desestabilizar la política de “gobierno ciudadano”, que han estado tratando de implementar “sin mucha dirección” como señala Alfredo Joignant.
Pero una cifra que resulta muy poco alentadora para la economía, es aquel 63.8% de la población que estima que el nivel de corrupción ha aumentado en Chile. Esto va ligado a la no alternancia del poder que existe desde hace ya 16 años en que ha gobernado la Concertación, periodo durante el cual la economía ha fluctuado entre altos y bajos, pero que en general ha tendido a la alza.
¿Y por qué la alternancia incide en estos índices? Pues porque el modelo neoliberal favorece tanto al gobierno como a la oposición en términos ideológicos. Entonces al existir una sensación de corrupción generalizada, se está implicando el modelo económico a su vez. Es decir, se matan dos pájaros de un tiro: la clase política y el sistema de libre mercado. Esto en términos macros pero, ¿qué sucede en lo inmediato?,¿qué ocurre con los indicadores económicos?
Lo cierto es que en términos de certeza estadística, los índices económicos no han registrado fluctuaciones debido a los casos de corrupción. La tendencia la baja del dólar es algo que viene de hace tiempo, y los empresarios no ha manifestado preocupaciones exclusivamente económicas al respecto. Sin embargo, existen casos en que la agudización de casos de falta de probidad, han desmoronado todo un sistema.
En España, por ejemplo en 1995 se vivió una fuerte crisis de corrupción que involucró al PSOE, y produjo una considerable migración de capitales (de los llamados golondrinas), sobre todo en sociedades ampliamente integradas al modelo económico de libre mercado, tal como Chile. Esto porque los inversionistas que son los actores principales de este modelo no ven con buenos ojos un país con poca estabilidad política, que tenga convulsionada la sociedad, pues el consumo se retrae, cae la bolsa y se deprecia el dólar. Esto en casos de corrupción de mayores proporciones.
Pero basta recordar un caso cercano ocurriod allende la cordillera a principios del nuevo milenio. Aunque es preciso hacer matices con otros factores como la influencia del FMI, de todas formas, un factor gatillante fue la corrupción, que provocó este mismo efecto de fuga de capitales, con la consecuente bancarrota del estado argentino, y la crisis por todos ya conocida. Sin embargo, si sumamos los más de 15 años de la Concertación y los constantes escándalos que salen a la luz pública, no debieramos dejar pasar las pequeñs señales que nos dan los mercados.
Pero no todo es negro. Basta recordar el informe del Barómetro Global de la Corrupción 2004, publicado por la organización alemana Trasnsparency International (9 de diciembre de 2004), y veremos que, por un lado, existe una relación entre corrupción y economía y por otro, que Chile sale bien parado en esa ecuación que podemos esbozar.
Esto, en vista de que Chile es evaluado en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC), con un 7,4. El más alto de la región en comparación con Haití (1,5), Paraguay (1,9) o Guatemala (2,2), por ejemplo. Y si añadimos el factor económico, para determinar como se relaciona con el crecimiento o la establidad de la economía, podemos establecer lazos entre los índices financieros de Chile y el de aquellos con altos niveles de corrupción.
En definitva, el ambiente político influye en cómo se comportará la economía. Es por eso que no debemos descuidar estos hechos que, aunque menores, si mellan los esfuerzos por lograr niveles más altos de probidad, sobre todo a nivel público, que cae cada vez más en descrédito.
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Es uno de los ensayos más recientes, y tiene relación con el libro de Ángel Rama, La Ciudad Letrada (1984).
En él analizo y trato de extrapolar lo que existía en aquella época entre quienes poseían el "don" de la escritura y quienes no, para hacer un parangón a la actualidad entre quienes manejan lenguaje científico y quienes no lo hacen.
Es, adermás, una crítica -desde el incipiente acercamiento a posturas holísticas y/o cibernéticas- a la racionalidad científica.
Abstract
Se propone una analogía en los letrados v/s los no-letrados, descrito en la cuidad letrada, de ángel rama y el lenguaje de la actualidad que en el cual se enfrentan el lenguaje científico v/s el no-científico. Para ellos se analizan las características de los letrados de los no letrados y se establecen los paralelismos con la actualidad. A continuación, se ejemplifica con el uso de estadísticas, consideradas, en este estudio como los elementos que sustentan el discurso técnico y/o científico.
Cuando Rama nos muestra las características, nos deja al tanto del espíritu racionalizador que imperaba en aquella época, por parte de los colonizadores. Ello queda claro, en la fundación de ciudades, en la imposición de los signos por sobre la oralidad, como garantes del orden y del pensamiento mecanicista, además, del orden social que impusieron tozudamente. Y de todos los elementos organizadores de la sociedad, el que más resalta es el signo, expresado como palabra escrita, como lenguaje.
Rama destaca con especial énfais la abismal diferencia entre quienes eran letrados y quienes no lo eran, entre los analfabetos y los que sólo se comunicaban oralmente. Si a esto le sumamos, que los letrados manejaban discursos eclesiásticos, sólo resta esperar la evidente sacralización del lenguaje y de los letrados, por parte de los no letrados sumisos.
Hoy en día, podemos trazar analogías que nos muestran a los mismos signos y sus operadores, en posiciones casi sagradas, con respecto al vulgo que no maneja aquellos códigos. Concretamente, el lenguaje científico se ha impuesto por sobre otros, transformándose en el más cierto, el que más se aproxima a la verdad, ayudado por los números y las estadísticas como signos, que abstraen su discurso.
Para Rama, existe una clara distinción entre los letrados y no letrados. Los primeros eran los que manejaban el signo de la palabra escrita, y fueron capaces de imponerla por sobre la oralidad de los no letrados. Esto significó que crearan leyes, que sólo ellos podían leer, pero que las hacían válidas para todos o que en el ámbito literario, crearan círculos que se leían unos a otros. Al establecer el paralelismo con la actualidad, sabemos que los índices de analfabetismo son muy bajos, entonces la dicotomía letrado-no letrado pasa a ser una metáfora, puesto que los letrados ahora son quienes manejan el lenguaje científico, quienes se mueven con tecnolenguajes, capaces de hacer operativo los procesos. Son ellos, a través de la ciencia y a través del signo que corresponde al número, quienes manejan la información y poseen capacidad de decisión.
Estos nuevos letrados, son los que se han validado como los más cercanos a la verdad, como aquellos que a través del dato duro, del análisis de estadísticas y de lenguajes técnicos, son los más inmediatos a la máxima certeza de juicios y de concreción de acciones. Es decir, aquello que se avala con un estudio científico y con datos, estadísticas y procesos experimentales, será con mucha seguridad una proposición que gozará de gran aceptación. En resumidas cuentas, y aunque parezca paradójico, el discurso científico se ha convertido paulatinamente en una nueva religión, y en esto, quizás me exceda, pero es tal vez una metareligión, pues los argumentos científicos son esgrimidos con vehemencia por agnósticos y ateos, pero también por religiosos, de todos los matices, al ponerse detrás de la discusión que encabeza la ciencia sobre termas éticos relacionados con el auge de la ingeniería genética, por ejemplo.
En el caso de quienes no manejan este lenguaje, o que no poseen las herramientas para interpretar aquellos datos, con los cuales trabajan los científicos, sólo podrán acatar y ceñirse a las explicaciones que den los nuevos letrados, y seguir los rumbos que ellos tracen. Más aún -y tal como sucedió en la ciudad letrada que nos muestra Rama- se sacraliza aquel discurso. Se eleva a la categoría de postulado indiscutible, sin posibilidades de ser rebatido con otro argumento y sin otro proceso que no sea el mismo que se ha utilizado para el primero. Rama lo aclara cuando señala que “[el sueño de un orden], además, se imponía a cualquier discurso opositor de ese poder, obligándolo a transitar, previamente, por el sueño de otro orden” (Rama 1984: 11).
El signo que representaba aquel el orden, en la actualidad, ya no está representado en la letra, ni tampoco es tal su poder, pues se ha repartido entre lo visual y lo sonoro (y si queremos algo más post-moderno, en lo multimedia, que es la suma de los tres aspectos en uno sólo, un híbrido). Es tal su desacralización en pos del número, que cada vez más, no son los grandes discursos, ni las elucubraciones utópicas que pueda hacer un líder en un discurso público, lo que es evaluado por los analistas y la misma gente, sino la cantidad de proyecciones, porcentajes estimados y datos duros que pueda entregarnos. Es decir, no es gratuita la alta valoración social que poseen en la actualidad los economistas, estadísticos o los ingenieros. Se ha ido creando una premisa casi indiscutible, de que aquello que es validado con cifras y a través del método científico es inmensamente más certero que un discurso cimentado en paradigmas e ideales.
Además, el lenguaje técnico empleado por los científicos que son fundamentales para comprender el porqué de su influencia. En primer lugar, es un sistema de representación no verbal, donde encontramos sistemas de representación del pensamiento como ecuaciones, fórmulas químicas, modelos matemáticos, además, de representaciones iconográficas como tablas, gráficos, figuras y/o esquemas. Y segundo, es expresión de racionalidad, pues se plantea como un discurso lógico al cual le preceden, sucesivas hipótesis, experimentos, enmarcados en un método, lo cual concluye en cuantificar, generalizar, ordenar y clasificar los datos lógicamente.
El caso de las estadísticas.
En relación a este último punto, quisiera ejemplificarlo a través de lo que actualmente es el bastión de todo discurso científico (entendido de aquí en más, como discurso técnico o tecnócrata). Me refiero a la estadística, que es más bien un instrumento empleado por diversas ramas de la ciencia, para ejemplificar a través de datos, cuadros, porcentajes, promedios, entre otros.
Este, si lo llevamos a los conceptos de Rama, es el signo que sustenta el discurso científico, y expresado en tres premisas fundamentales: concepción de la realidad, como algo fuera del sujeto que la estudia; la verdad, como elemento a alcanzar y la objetividad, como la forma de llegar a aquel fin; y, por último, la racionalidad como sustento del método científico. (Mogollón 2002: 2). Es aquí donde se inserta la estadística, pues el método científico requiere de datos, experimentos, y observaciones que se acumulan para luego ser interpretados y concluyen en la validación, refutación y/o reformulación de hipótesis.
Sin embargo, los datos que aportan las estadísticas, no son la realidad. Son abstracciones de ella. Los números, en primer lugar, no son la cantidad. Las secuencias lógicas no son la causa. La ciencia no es una mera acumulación de datos, pues estos no son los sucesos sino registros, descripciones, recuerdos o vivencias de hechos (Capana). Y por lo tanto, no se debe entender el elemento estadístico como un espejo de lo que es real. Además, influye en la elaboración de las estadísticas, el método empleado para su obtención, es decir, qué tipo de preguntas se hicieron, el universo estudiado, los segmentos socio-económicos que fueron incluidos, en fin. Todo ello, constituye una serie de variables que van a incidir en los resultados que arroje la estadística.
Entonces, quienes se fundamentan en datos estadísticos para plantear discursos, lo hacen con la convicción de que el signo le otorga la autoridad suficiente, pues es como si estuviera hablándole a analfabetos, que creerán en la interpretación que se le dé a aquellos datos. Por ejemplo, si hay una discusión sobre política y la relación de los jóvenes con ella y existen estadísticas mostrando que las tasas de inscripción en los registros electorales son muy bajas, y que incluso disminuyen sostenidamente, no es de extrañar que se interprete como síntoma de apatía de los jóvenes o descontento con la política. “Las cifras lo corroboran”, será muy probable escuchar, y se divulgará esa interpretación, sin embargo, existen varios factores que deben ser considerados para realizar tal aseveración. Esto fundamenta la “capital razón de supremacía [de los letrados], debido a la paradoja de que sus miembros fueron los únicos ejercitantes de la letra”(Rama 1984: 33) por sobre aquellos que no manejan las posibles interpretaciones del lenguaje técnico.
Para concluir, es necesario resaltar el carácter sacrosanto de los tecnicismos, expresados en las estadísticas, como analogía con lo ocurrido en la ciudad letrada, cuando aquellos letrados buscaban significantes para dar sentido a las significaciones que divulgaban (Rama 1984: 35). Y en la actualidad ocurre similar, pues aquellos significantes, mientras más científicos sean y mientras más datos aporten, más cercanía con la verdad proyectarán y más sentido tendrán en la población como discurso ideologizante, por ejemplo.
Bibliografía
Capanna, P. “Un hombre del Renacimiento: Gregory Bateson”. Revista Virtual de Psicología “Campo Grupal”. Documento de Internet disponible en http://www.campogrupal.com/bateson.html
Mogollón, M. 2002 (2003). Paradigma Científico y Lenguaje Especializado. Venezuela. Revista de la Facultad de Ingeniería de la U.C.V., Vol. 18, N° 3, pp.5-14,. Documento de Internet disponible en http://www.revele.com.ve/pdf/fiucv/vol18-n3/pag5.pdf
Rama, A. 1984. La Ciudad Letrada. Ediciones del Norte
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Lo siguiente es un ensayo, para el ramo de Teoría de la Comunicación I. Lo imparte un profesor añejo ya que, además, es director de la Escuela.
Al parecer no le gustó mi ensayo, aunque no es de los mejores, pero trató de ser una apuesta distinta, un tanto lúdica en ocasiones, pero que claramente no llegó aser lo que esperaba.
Pero no es un tema fácil. Por el contrario, es muy nebuloso. Y es claro (no?) que aún falta lucidez(que quizás nunca será óptima).
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Recuerdo un día que nos quedamos jugando taca-taca, toda una tarde, con una compañera. Hablamos un sinfín de cosas de las cuales sólo me quedan algunas ideas, y la sensación de que no soy el único que tiene cuestionamientos nimios acerca de los cangrejos y su inmortalidad. Fue satisfactorio. Fue revitalizador. Pero, a la vez inquietante, porque reavivó problemas que habían quedado empolvados. Uno de ellos es el lenguaje y su formación, y qué tan real es, o qué tan falso.
Recuerdo también a un profesor de matemáticas que nos hizo resolver varios ejercicios de lógica formal, en el que aparecían contradicciones o paradojas que nos engañaban -a través del lenguaje- pero que en el fondo, y luego de un proceso sistemático de análisis, se transparentaban y, como dice Parra: “todo lo transparente nos seduce”. Entre ellos (y el primero para variar) estaba la clásica paradoja de Epiménides, sobe los mentirosos de su ciudad: “Todos los cretenses son unos mentirosos”. Al principio todos nos mirábamos como diciendo, ¿y dónde está la cámara indiscreta?. Pero no. Como siempre nuestro gonfalonero en temas de números logró resolver el problema, y ahí todos soltamos carcajadas. No sin cierto dejo de inseguridad y desconfianza. Sabíamos que en aquella frase se escondía algo. Y hoy, ese algo, me resuena con más fuerza.
Pero, entonces, a qué apunta todo ésto. Pues lo digo ahora y sin más rodeos. El lenguaje es una farsa. Me abocaré en lo que sigue a fundamentar tan hereje postura.
Contradictorio
No es fácil hablar del lenguaje. Ya me ha pasado que empiezo a hilar algunas ideas y al final todo se vuelve confuso y se transforma en una maraña difícil de resolver. Tal vez, por incapacidad personal, o por falta de conocimientos técnicos. Este ensayo es fruto de ello: de la mezcolanza de conceptos que usamos a diario pero que muy pocas veces nos damos el tiempo de desmembrar para entenderlo bien. Y es difícil, ya que las cosas que damos por hechas se nos vuelven difícil de conceptualizar, pero es necesario.
Partamos por el principio. No por el principio del lenguaje, que es algo sin resolver aún, aunque se especula que pudo haber sido creado en los tiempos del Homo Neanderthal. Habrá que ver qué resultados arroja la Paleontología en trabajo conjunto con la Lingüistica. Sin embargo, esto no es lo importante. Lo relevante es la construcción que hace el lenguaje de sí mismo. Es decir, existe este concepto del lenguaje como un “algo” que está ahí y que se desarrolla a medida que el conocimiento avanza. Es decir, se va creando a sí mismo, esto es fácil de corroborar, sobre todo en tiempos actuales donde está cambiando drásticamente y se crean nuevos códigos de comunicación.
Hay, sin embargo, dos ideas claves en esta autopoiesis, como diría Maturana, del lenguaje: la verdad y la mentira. Conceptos opuestos a simple vista. Antitésicos en cuanto a su significado. Estrechamente ligados al mundo de las comunicaciones, si abordamos el cómo y qué comunicar. Pero, a la vez interdependientes, ya que si vemos todas las filosofías, o los paradigmas que han surgido (y no es que las conozca todas), nos podemos dar cuenta que la gran mayoría plantea el conocimiento interno, a través de lo externo. Usando el concepto hegeliano del conocimiento del cuerpo, cuando plantea que la idea que tengo de mi cuerpo, es la que percibo al contacto con los otros. Algo similar, ocurre con la verdad y la mentira. Sabemos qué es una, cuando podemos concebir la otra.
Estoy ya, en condiciones de plantear el primer punto de mi tesis, y para ello me apoyaré en el Teorema de la Incompletitud de Gödel, específicamente en su segundo enunciado. En este afirma que Ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo. Aplicado a las matemáticas se utiliza el ejemplo del conjunto de los números naturales.
Además, en 1927, Werner Heisenberg, al plantear sus estudios de mecánica cuántica, propuso el principio de indeterminación, el cual afirma que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y la cantidad de movimiento de un objeto dado. En palabras sencillas, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal. Este principio es inherente al Universo, ya que es entrópico, es decir, tiende al desorden.
Podemos extrapolar el postulado de Gödel, planteando varios conceptos, como por ejemplo que aquel sistema, es nuestro lenguaje. Todo el sistema de signos y señaléticas verbales y no-verbales, que lo conforman, independiente de la cultura en la cual se encuentre. Se considera consistente, ya que es un sistema lógico e infinito, que, por lo demás, explica la realidad en la que nos desenvolvemos. Además, y como mencionaba anteriormente, se construye a sí mismo, es autopoiético. Mas, no es perfecto, presenta fisuras, que hemos convenido en llamarlas paradojas.
La forma que tiene el lenguaje de ser consistente, de autovalidarse es a través de la verdad. La verdad es la recta entre dos puntos, el camino, mediante el cual ya no queda duda alguna de que hemos convenido algo irrefutable. La certidumbre de que algo es real. Esta forma de validación ha sido profusamente explotado por la ciencia, para plantearse como lo real, lo objetivo, lo cierto. Sin embargo, este camino recto no es claro. Innumerables son los ejemplos que así lo demuestran.
Contextualizando el principio de Heisenberg en términos del lenguaje, a medida que queremos acercarnos a la verdad, dejaremos de lado alguna otra variable, y por lo tanto esa verdad no podrá ser posible. Y si ajustamos esa variable, cualquiera que sea, la verdad será cada vez más imperfecta. ¿qué sucede entonces? Que cada vez que tratamos de determinar la verdad, esta se nos aleja, porque estamos descuidando algún factor, que es simplemente imposible ajustarlo.
Entonces, si nuestro sistema se valida a través de la verdad, pero la verdad no se puede determinar, entonces el sistema tampoco se puede justificar. Sólo hay una forma y es a través de las mentiras, pero aquello nos recuerda la vieja paradoja de Parménides.
¿Cómo, sin embargo, podemos validarnos a través de la mentira? Parece una contradición absurda. Pero así es. La mentira es la que otorga sentido a lo que nos dicta la verdad, es la que nos enfrenta a la moral, para validar la verdad. No obstante, la mentira no justifica el lenguaje. Este es justificado por la verdad. Pero si la verdad no existe, no puede existir el lenguaje, según el principio de incompletitud. ¿Que nos queda? El lenguaje es una mentira .
Parece un chiste, pero no lo es. De hecho Nietzsche lo planteó hace varias décadas atrás en su ensayo “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”. Es algo que escapa a nuestra concepción del mundo-sistema. Es como si me dijera que no existo, que no soy. Pero tampoco es tan así. No es que no exista el lenguaje, sino que es contradictorio. Es como la gran mayoría de lo que nos rodea, tal vez porque el lenguaje las originó, si lo vemos desde la óptica Saussariana. Sin embargo, eso ya es harina de otro costal.
Lo que sucede con el Periodismo es casi dramático. Este siempre se ha esforzado en saber la verdad, siendo objetivo para poder transmitirla, para ponerla en común, tratando de invalidar la mentira y la subjetividad. ¿Es que acaso se han perseguido fantasmas todo el tiempo, acaso la labor periodística gira en torno a visiones?
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Este ensayo fue en realizado en conjunto con otro compañero -Andrés Panes- para una ayudantía.
Pretende abordar temáticas en boga, como el periodismo ciudadano o las nuevas tendencias fruto del sistema neoliberal ya madurado en Chile.
TESIS
“El Periodismo Ciudadano es la expresión del descontento, insatisfacción y decepción de las personas con el Periodismo actual: monopólico y mercantilista”
ARGUMENTACIÓN
“Cría cuervos... y te sacarán los ojos”.
Así reza el viejo refrán que nos enseñaban en esos libros de la básica, o que escuchamos de vez en cuando en la televisión, en concursos del tipo “si lo sabe...complete el refrán”, o por último en el show del Chapulín Colorado, con sus mezclas tan poco atinadas.
En fin, no queremos hacer un recuerdo nostálgico de los programas que nos marcaron, ni una lista de refranes, ni menos criticar a la, ya tan vapuleada, televisión chilena. Queremos hablar de comunicación, de TICs, de Internet, de política, de economía, de cultura, de sociedad y por supuesto del Periodismo. Suena bastante ambicioso, pero creemos que el tema amerita desglosar ideas relativas a todos aquellos intereses que mencionamos, no en extenso, por supuesto, sino como aderezos necesarios (y simpáticos).
Para empezar, se hace necesario citar a Francis Fukuyama, que en su libro “El fin de la Historia y el Último Hombre”, realizó un análisis de los nuevos tiempos que se vivían (hace 15 años), en términos de orden económico, social y político. Decía que la derrota de los regímenes socialistas eran el precedente para la conformación de un nuevo modo de existir y ver el mundo, sin ideologías (por ello el fin de la historia). Analizaba que el triunfo de la visión occidental, y en definitva del capitalismo, era ahora el estado homogéneo universal, paradójicamente el ideal comunista. Y como el mejor ejemplo, Estados Unidos. Postulaba en defintiva, la preeminencia del liberalismo en lo político, del capitalismo en lo económico y la idea del consumismo en lo cultural.
Esto es lo que, en general, vivimos actualmente: régimenes neoliberales, centrados en lo económico, con temor a declararse de alguna ideología, en lo político y con el ráting, los créditos y las liquidaciones, como los sensores de nuestra capacidad de consumo. Los mass media no se han quedado atrás al momento de contribuir con la teoría de Fukuyama: a través del modelo de grandes consorcios, entidades privadas que manejan la información y dominio editorial predominante de las ideas neoliberales.
Sin embargo, algo ocurrió. El ideal de libertad (entendida como consecuencia de la economía) se ha profundizado, quizás más de la cuenta y esa misma gente, nacida y criada en la cultura del consumismo, con las herramientas del neoliberalismo, con su doctrina de la libertad económica y de autonomía política, ahora ya no se contenta con cualquier respuesta, buscan más, indagan, son incisivos. Además han secularizado sus intereses y creen en la democracia. Pero también se han dado cuenta que no todo puede estar regido por la economía de mercado, que algo está funcionando mal al estar dominado por el mercado. Son, en consecuencia, los mismos hijos del liberalismo quienes lo están cuestionando.
¿Dónde podemos ver esto? Pues en el Periodismo, que ha evolucionado a nuevas formas más independientes, precisamente gracias a aquel “colapso” de las ideologías, al que hace mención Fukuyama. Hablamos, sin más rodeos, del periodismo participativo o periodismo ciudadano.
Los consumidores han tomado cierta conciencia del poder que tienen (en el mejor de los casos) o por lo menos han profundizado las exigencias hacia el producto que están comprando. Y no han sido satisfechos. El periodismo tradicional, o de las grandes corporaciones, no está satisfaciendo las necesidades informativas del público, de los hijos del capitalismo. La idea de poseer siempre una oferta amplia ha impactado incluso en el terreno del consumo de noticias. Los grandes consorcios, que tienen a su haber varios periódicos, pero en lo medular sólo una línea editorial, son el objeto de las críticas de quienes representan el nuevo periodismo ciudadano. Claro que todo ha ido de la mano de las nuevas tecnologías y de la globalización que es cada vez más arraigada.
Hace pocos años atrás la tecnología era vista por la gente con admiración, pero ese mismo sentimiento se matizaba con cierta lejanía y exceso de respeto de muchos sectores, las personas sabían que los avances eran grandes y por lo tanto se les consideraba dignos de película de ciencia ficción, mas no como herramientas cotidianas. Esta visión ha cambiado radicalmente con Internet, y más que nada, con el fenómeno de los blogs, que permiten a la ciudadanía tener la posibilidad de expresarse masivamente. Los hijos del neoliberalismo han sabido darle buen uso a las nuevas posibilidades que ofrece la web.
La punta de lanza de esta nueva forma de hacer noticias es Oh My News.com, página creada por el empresario y periodista coreano Oh Yean Ho bajo la premisa “cada ciudadano puede ser un reportero”. La idea del sitio es simple, quien desee convertirse en parte del proyecto sólo debe registrarse y enviar sus notas, éstas son revisadas por un comité editorial que las redacta y comprueba su veracidad. Además, cada “ciudadano-reportero” recibe una propina que en promedio no supera los 20 dólares, pero está claro que en Oh My News hay recompensas más grandes que unos cuantos billetes verdes. Esto se evidencia al momento de revisar las impactantes cifras que revelan el éxito de esta iniciativa, la página cuenta con un millón de visitas diarias gracias al aporte de 35,000 colaboradores de 21 naciones.
A pesar de que el sitio se encuentra disponible sólo en coreano e inglés, todo indica que la rápida propagación de las tecnologías hará posible que se masifique para público hablante de otras lenguas, es más, ya existen varios colaboradores latinos, entre ellos la chilena María Pastora Sandoval, estudiante de nuestra Escuela.
CONCLUSIÓN
Podríamos proponer la abolición del capitalismo ahora ya, después de lo dicho, o que fuéramos a quemar El Mercurio y todos los otros diarios que le pertenecen, pero no. El camino y las formas ya no son los mismos, ni pueden serlo. En eso Fukuyama tiene razón: hay formas nuevas de desenvolverse, los conflictos ya no están tan sólo en términos ideológicos, y las democracias se han ganado un lugar tan sufridamente, que no podríamos tener el descaro de darles la espalda.
Lo que es cierto y a lo que apuntamos, es que la profundización del periodismo ciudadano, gracias a la Internet, es una expresión clara y fuerte de que algo no funciona bien. Es más: algo derechamente no funciona.
Lo más rescatable, es que los reporteros-ciudadanos, no son sólo críticos, sino también extremadamente propositivos, creando estructuras de relación paralelas a las existentes, horizontales y democráticas y sobre todo, sin anteponer intereses económicos a la información o a la libertad.
Extraña situación: los cuervos muerden la mano del amo.
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Análisis del caso del Juez Calvo, quien fue grabado subrepticiamente concurriendo a locales de sauna para gay, o en situaciones poco convencionales, dentro del ejercicio de su vida privada.
La idea era analizar desde el punto de vista de la Ley de Prensa vigente en Chile, y en función del Código de Ética del Colegio de Periodistas.
Hablar de ética siempre es un tema complejo. Por la naturaleza humana estamos constantemente “al filo de la navaja”, como dice Maturana. Moviéndonos entre lo que es correcto y lo que no, lo ético y lo no-ético y en estos casos, entre lo público y lo privado. Hay temas y problemáticas sociales que surgen a la par de los nuevos tiempos y de la mano con los avances tecnológicos. ¿Cómo solucionar éstos problemas? ¿Tiene delimitaciones claras lo ético y lo no-ético o lo público y lo privado? ¿Será feliz el mundo sin periodismo, como dijo John Major? En realidad no lo sé. No soy el Salvador. Ninguno lo es. Somos seres humanos -agraciada o desgraciadamente- y tenemos que trabajar para entendernos. Es lo que empiezo a hacer desde ya.
Manzana de discordia.
Cuando Guillier y todo su equipo de producción tuvieron en sus manos el material con las declaraciones del Juez Calvo, de seguro sintieron una gran excitación por el golpe noticioso que darían, sobre todo en un momento álgido del desarrollo de la noticia.
Pero, ¡momento! No todo pudo haber sido algarabía ¿Estaban realmente, frente a un “notición”?. Cabe esa duda luego de saber que Guillier había hablado con el juez antes de emitir el video y las grabaciones ¿Qué ocurrió entonces?
Lo que ciertamente puedo responder, es que en estos dos escuetos párrafos ya encontramos varias aristas que atañen a la Ley de Prensa y que nos confrontan a dilemas éticos. El primero, corresponde al artículo N°1 de la mencionada Ley: “la libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, constituyen un derecho fundamental de todas las personas”. Y para la anécdota queda la sentencia del mismo inciso que menciona la posibilidad de “responder a los delitos y abusos que se cometan, en conformidad a la ley”.
En el mismo apartado, encontramos, a mi juicio, la manzana de la discordia, el punto esencial y trascendental para dilucidar el problema. Cito: “se reconoce a las personas el derecho a ser informadas sobre los hechos de interés general”. A continuación, en el artículo 30, donde se mencionan los delitos en los que pueden incurrir los MCM, se menciona nuevamente el “interés general”, esta vez como causal de exclusión, a través de la figura del “interés público real”. Este será el concepto que se manipulará de aquí en más.
Revisando las seis causales que se podrían constituir como hechos de interés público, ninguna cumple con las características que revistió el material publicado por Chilevisión. Ninguna. Es más, el último inciso del referido artículo 30, hace mención a los hechos que la Ley considera pertenecientes a la vida privada del afectado: asuntos sexuales, conyugales, familiares o domésticos, salvo que fueren constitutivos de delito. Hasta donde sabemos, la homosexualidad no es un delito. Y las imputaciones hechas por Rodríguez, en cuanto a relaciones con menores, no pudieron ser corroboradas.
Demás está decir, y así lo ratifican las leyes nacionales, el código del Colegio de Periodista y los tratados internacionales, que la vida privada no puede ser publicada, sin autorización de afectado. Menos aún a través de la forma en que se hizo en este caso. Punto en contra para Chilevisión.
El Interés General
Este punto del “interés general”, es discutido ampliamente en el Código de Ética, en la Conferencia de Juristas Nórdicos y en el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación. Así nos lo recuerda González Pino.
Hace hincapié además en tratar de establecer los límites entre lo público y lo privado. Para ello, configura tres esferas de desarrollo de las personas: el mundo público, el privado y la intimidad. Atribuye competencia a los medios para informar todo lo que corresponda a la vida pública. En el caso de la vida privada, existen situaciones puntuales, como por ejemplo que el investigado acepte la publicación, o que su vida privada interfiera en las labores públicas, es decir que su situación revista un interés general. Se enumeran algunas situaciones que constituyen actos de la vida privada, pero precisa que “la mayoría de los códigos no definen ni enumeran situaciones concretas”. Y por último, en lo que refiere a la intimidad, por ser una condición de extrema privacidad, no es posible para los medios informar acerca de ella.
Recalca González Pino, la forma correcta de informar, sobre todo a través de las imágenes (video o fotografía). Señala repetidamente el dictamen 55 del Consejo de Ética, en el que se enumeran las restricciones en la forma de obtener y publicar informaciones. Para el caso del Juez Calvo, destaca el empleo de medios técnicos para observar, escuchar, fotografiar, grabar o captar de cualquier manera palabras o imágenes de la vida privada. Justamente en eso incurrió Chilevisión. Punto en contra para Guillier.
Parece que no pasaron el Ramo de Fundamentos
Ahora bien, estas acepciones a las formas pueden ser relacionadas con otras profesiones. Por lo tanto, en lo estrictamente particular de la labor periodística podríamos mencionar un error que se enseña a cometerlo desde los primeros días del estudiante de periodismo: la contrastación de fuentes y su correspondiente verificación. En esta situación, Rodríguez no cumple con los requisitos de idoneidad que merecen sus declaraciones, ni menos goza de independencia de intereses.
Demás está decir que una de las labores primordiales del periodista, debido a su injerencia en lo social, es no propiciar formas de discriminación alguna. Y por último, un punto en el cual el Código es bastante enfático, “el periodista no recurrirá a subterfugios para obtener la información”, y recalca más adelante que “el periodista debe mantener un incuestionable respeto a la dignidad y vida privada de las personas, evitando invadir su intimidad con las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías”
La paradoja del relativismo: el acecho de la entelequia.
No es un tema menor. Es recurrente por lo demás. El estar debatiendo entre qué derecho tiene supremacía sobre otro y en qué condiciones, se ha hecho un tema trascendental y en los nuevos tiempos debiese constituir una importancia considerable.
En el caso del Juez Calvo, además de todos los alcances hechos en este trabajo, debemos acogernos en primera instancia, a lo que dictamina la Ley de Prensa. Es un primer paso para reducir la incertidumbre a la que nos someten las “excepciones” del Código de Ética, no sólo en el caso del Periodismo
Luego, es preciso ser serios y consecuentes para apelar a la libertad de expresión, es decir, probablemente, no es tan necesario fijar lo límites entre lo público y lo privado, sino más bien, tener claro que la libertad de expresión y el derecho a la información no pueden atentar contra la dignidad y la honra de las otras personas, porque de lo contrario sería una contradicción intrínseca.
Aunque el caso presenta otros ribetes que no son tema de estudio ahora, pareciera ser que finalmente, debemos ser puristas y no justificar los medios para obtener un fin.
En definitiva, no primó la suficiente discriminación (en términos positivos), para dirimir entre una problemática que era de interés general y una que en realidad no lo era ¿Intereses comerciales? ¿Extorsión encubierta? ¿Populismo periodístico? Lo cierto es que la ley actuó y al parecer bien.